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martes, 18 de junio de 2013

Estudio halla conexiones cerebrales débiles en niños con trastorno del espectro del autismo.

En el lado izquierdo del cerebro, los niños con autismo mostraron conexiones débiles con el núcleo accumbens y el área tegmental ventral.

Algunos niños con autismo tienen conexiones cerebrales débiles en las regiones que vinculan el discurso con las recompensas emocionales, indicó una investigación que abre la vía a posibles nuevos tratamientos. 
El estudio publicado en la revista Actas de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, PNAS, sugiere por primera vez que la razón por la cual los niños con autismo muestran una falta de sensibilidad a la voz humana puede vincularse a circuitos defectuosos en los centros de recompensa del cerebro.

"Una conexión cerebral débil puede impedir a los niños con autismo experimentar el discurso como algo agradable", dijo Vinod Menon, uno de los autores del estudio y profesor de psiquiatría y ciencias del comportamiento en la Universidad de Stanford, California.

Los investigadores tomaron imágenes cerebrales por resonancia magnética de 20 niños con un tipo alto de autismo, que tenían un coeficiente intelectual normal y podían hablar y leer, pero mostraban dificultades en la conversación y la comprensión de señales emocionales.

Al comparar las imágenes con las de 19 niños sin autismo, los científicos hallaron que los cerebros de los menores con autismo mostraban conexiones débiles con regiones del cerebro que liberan dopamina en respuesta a recompensas.

En el lado izquierdo del cerebro, los niños autistas mostraron conexiones débiles con el núcleo accumbens y el área tegmental ventral.

Y en el lado derecho, en la corteza de voz selectiva donde se detectan señales vocales y de tono, había una conexión débil con la amígdala cerebral, que procesa las señales emocionales.

Los investigadores también determinaron que una conexión más débil supone una peor capacidad de comunicación.

"La voz humana es un sonido muy importante, no sólo otorga significado sino que también proporciona información emocional fundamental para un niño", dijo otro de los autores, Daniel Abrams, un investigador postdoctoral en psiquiatría en Stanford.